Estaban por cumplirse las dos semanas y su mamá y yo estábamos muy nerviosos. Queríamos que todo estuviera bien. Lety una maestra de la maestría de su mamá nos ayudó a lograr la paz que necesitábamos. Desde hace tiempo que no la teníamos.
Nos dimos cuenta que las bases que creíamos firmes ya no eran suficientes. Por un lado la idea equívoca que Dios nos daría un milagro, nunca funcionó. Que el hacer las cosas bien hechas para conseguir una meta tampoco sirve si sólo se piensa en la recompensa y no se vive, ni se disfruta, hacer las cosas por obediencia no nos daba tranquilidad. La ciencia por otro lado, tampoco lo resuelve todo, hay situaciones que no tienen explicación aún si supuestamente se tiene el control de todos los elementos. De todo esto nos dimos cuenta con las pláticas con Lety. Nuestras bases se movían.
Tenemos tantas ganas de tenerlos que teníamos mucho miedo de que algo pudiera salir mal. Y esto no nos dejaba tranquilos. Ahora ya lo pongo en tiempo pasado, porque pudimos encontrar esa paz que buscábamos. Porque Lety nos puso como reto encontrar esa paz. Y la encontramos. Recordamos cómo nos conocimos; por qué nos casamos y por qué queremos seguir juntos; y ahora por qué los esperamos. ¡Por Amor! Así todo tiene sentido. Y el miedo... se supera. La paz está con nosotros. Recordamos con mucho cariño y con todo sentido el saludo de Francisco.
Cuando llegó el momento de ir a consulta, su mamá y yo estábamos muy contentos, tranquilos. Y la gran sorpresa fue que el doctor dijo "Mm, aquí está uno, muy bien, a ver, el tamaño, mm... muy bien". Su mamá y yo nos miramos aliviados, pero después la enfermera le dijo al doctor " a ver muévale otra vez, vi algo", entonces el doctor dijo "son dos". -Nos tomamos de la mano-. En eso el doctor volvió a decir "Santa María dame puntería ¡Son tres!". No sé que esperaba el doctor que dijéramos, su mamá y yo sonreíamos pero no decíamos nada. Yo estaba contentísimo, a su mamá le brillaban los ojos y se le veían muy bonitos. Yo veía el monitor y me imaginaba una nebulosa espacial, y cada uno de ustedes como unas estrellitas hermosas, maravillosas, divinas.
Nos regresamos a la casa y brindamos, nos abrazamos, aplaudimos muchas veces y gritamos. El doctor nos comentó que el tercer "saquito" lo veía muy pequeño en comparación de los dos primeros pero que deberíamos esperar. Por eso decidimos hacer un esfuerzo y no comunicarles nada a la familia hasta que estuviéramos más seguros.
Nos dimos cuenta que las bases que creíamos firmes ya no eran suficientes. Por un lado la idea equívoca que Dios nos daría un milagro, nunca funcionó. Que el hacer las cosas bien hechas para conseguir una meta tampoco sirve si sólo se piensa en la recompensa y no se vive, ni se disfruta, hacer las cosas por obediencia no nos daba tranquilidad. La ciencia por otro lado, tampoco lo resuelve todo, hay situaciones que no tienen explicación aún si supuestamente se tiene el control de todos los elementos. De todo esto nos dimos cuenta con las pláticas con Lety. Nuestras bases se movían.
Tenemos tantas ganas de tenerlos que teníamos mucho miedo de que algo pudiera salir mal. Y esto no nos dejaba tranquilos. Ahora ya lo pongo en tiempo pasado, porque pudimos encontrar esa paz que buscábamos. Porque Lety nos puso como reto encontrar esa paz. Y la encontramos. Recordamos cómo nos conocimos; por qué nos casamos y por qué queremos seguir juntos; y ahora por qué los esperamos. ¡Por Amor! Así todo tiene sentido. Y el miedo... se supera. La paz está con nosotros. Recordamos con mucho cariño y con todo sentido el saludo de Francisco.
Cuando llegó el momento de ir a consulta, su mamá y yo estábamos muy contentos, tranquilos. Y la gran sorpresa fue que el doctor dijo "Mm, aquí está uno, muy bien, a ver, el tamaño, mm... muy bien". Su mamá y yo nos miramos aliviados, pero después la enfermera le dijo al doctor " a ver muévale otra vez, vi algo", entonces el doctor dijo "son dos". -Nos tomamos de la mano-. En eso el doctor volvió a decir "Santa María dame puntería ¡Son tres!". No sé que esperaba el doctor que dijéramos, su mamá y yo sonreíamos pero no decíamos nada. Yo estaba contentísimo, a su mamá le brillaban los ojos y se le veían muy bonitos. Yo veía el monitor y me imaginaba una nebulosa espacial, y cada uno de ustedes como unas estrellitas hermosas, maravillosas, divinas.
Nos regresamos a la casa y brindamos, nos abrazamos, aplaudimos muchas veces y gritamos. El doctor nos comentó que el tercer "saquito" lo veía muy pequeño en comparación de los dos primeros pero que deberíamos esperar. Por eso decidimos hacer un esfuerzo y no comunicarles nada a la familia hasta que estuviéramos más seguros.
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